miércoles, 20 de julio de 2011

Para cambiar la sociedad

El Inca Pachacutec (El que transforma; el que da vuelta todo) uno de los máximos soberanos del Tawuantinsuyo, pregonaba la necesidad de volver hacia el interior de cada uno que era lo mismo que volver al principio, al origen divino.

Utilizaba tres conceptos:

- la reciprocidad (aiñi),
- la energía (alpa)
- y la fuerza vital (enka),

Los tres interrelacionando entre si crearían un estado de conciencia colectivo que haría cambiar la sociedad.

Estos conceptos se asumen mejor en tanto uno no cree que es un cuerpo individual, sino un receptor de energía conectada al todo.

El tonalli

La potencia energética de la Vida.

Los indoamericanos no creen en un cuerpo material y un alma espiritual, sino en una especie de alma densa, síntesis de las dos.

Para ellos, las fuerzas del Universo se concentran en el embrión en el momento de la concepción: es el tonalli de los aztecas, la potencia energética de la vida, que desciende desde el 13º cielo y se aloja en la persona.

Esa energía vital que cada hombre posee es también colectiva, porque alimenta a la comunidad y de ella pasa nuevamente al Universo, fundiendo al hombre en la totalidad a la que pertenece.

La energía del alma densa ha de mantenerse pura, mediante el trabajo duro, las buenas intenciones, el cumplimiento de las obligaciones para con la comunidad, la sinceridad, la lealtad, la creatividad, la precisión en las tareas, el sacrificio de la comodidad.

Todas estas conductas actúan como rituales liberadores de la energía densa alojada en el corazón (odios, rencores). De esta forma el alma se recarga de energía liviana, limpia, que estimula otra vez la magia de la vida.

Mostrar sobre todo el Alma

El antiguo concepto sagrado: Quetzacoatl (la serpiente emplumada) representa el alma densa, lo que sería para el occidental la síntesis entre materia y espíritu.

El hombre también debe equilibrar permanentemente estos dos principios pintando y vistiendo su apariencia corporal como el espíritu que es.

La superación está en el cuerpo que "florece", y la nueva luz que dará energía al Sol a través del corazón ofrendado.

Esta divinidad es simultáneamente el Cielo, la Tierra, el Sol, el Viento, que ponen a la materia en movimiento al impregnarla de espíritu.

Para los aztecas la forma de morir más apreciada es la de los guerreros águilas y los guerreros jaguar caídos durante el combate, pues éstos iban a la morada del Sol, aportando directamente energía a la energía. Lo mismo sucedía con las mujeres que morían durante el parto. Los primeros, después de cuatro años se convertían en colibríes; las segundas en mariposas.

De esta forma los antiguos americanos comprendieron la profunda conexión entre la vida y la muerte, como chispa energética que garantiza la continuidad y el ritmo cósmico. Y era en esta participación con la esencia de la vida que residía para ellos el sentido de estar en el mundo.

El sentido florecido

Diego Rivera:
¿Qué significa para nosotros, habitantes urbanos de la globalización occidental, buscar convergencias con los hermanos indígenas?

Sentimos que gran parte del sufrimiento de Occidente proviene de haber perdido la vivencia y el significado de pertenecer a la Naturaleza y al Cosmos, la experiencia de la Totalidad.

Los pueblos originarios de América nos muestra una imagen completamente diferente. Son pueblos que vivieron en un mundo pleno de sentido, y que nunca lo perdieron, aún cuando fueron ferozmente perseguidos, sometidos y muchos de ellos, aniquilados. Pese al latrocinio que significó la conquista, hoy vemos que el alma de aquellos antiguos americanos aún pervive; que su sentido puede ser recuperado y que también puede ser nuestro. Que es posible un encuentro fraterno entre ellos y nosotros, porque ambos cargamos con nuestros respectivos dolores, y solo a partir de su aceptación, nuestras almas podrán acercarse y hacer florecer el mundo una vez más.

martes, 19 de julio de 2011

Ética "realista"

Estar perfectamente ubicado es estar perfectamente orientado en espacio-tiempo.

El Este es el lugar del horizonte por donde sale el Sol; es el punto del cielo más sagrado para todas las etnias.
Oriente: Lugar por donde sale el Sol. Proviene del vocablo oriri que significa nacer.
Occidente: Lugar por donde se pone el Sol. Proviene del vocablo occidere que significa caer.

Pero aunque el Sol sale siempre por el Este no lo hace todos los días desde el mismo punto. Desde el Hemisferio Sur el Sol parece correrse por el horizonte, desplazando su salida en dirección Norte hasta llegar a un cierto punto máximo el día 21 de junio. Ese día se celebra entre los andinos (ecuatorianos, peruanos, bolivianos, norte de Chile, norte de Argentina) el Inti Raymi, que consiste en jalar de una cuerda atada a la puerta del Sol, para que éste no siga adelante hacia el Norte, y regrese.

Lo que hay que saber

Diego Rivera:

La Ética tiene que ver con la elección que cada uno hace de manera conciente y libre, lo que define su calidad como persona.
Pero no es correcto atribuir esas elecciones al individuo 'aislado', ya que cada uno pertenece a una cultura a la que es fiel.
Entonces, es la cultura la que estipula cómo el sujeto individual ha de proceder.

En las culturas indígenas se considera indispensable que las personas tengan profundos conocimientos respecto a los fenómenos naturales de su propio territorio. Y si no pueden acceder a todos los secretos entonces han de ser atentos y obedientes respecto a los consejos y enseñanzas de los que saben.
Conocer los ciclos naturales garantiza la supervivencia.
Pero los pueblos saben que esos fenómenos son diversos desde cada lugar. Entonces, es erróneo y se presta a errores de procedimiento tener información teórica general y no conocimiento práctico específico.

Discurso del Subcomandante Marcos

14 Octubre del 2007.
Autoridades tradicionales de la Tribu Yaqui en Vicam:
Líderes, representantes, delegados, autoridades de los pueblos originarios de América presentes en este Primer Encuentro de los Pueblos Indios de América:
Hombres y mujeres, niños y ancianos de la Tribu Yaqui:
Observadores y observadoras de México y el Mundo:
Trabajadoras y trabajadores de los medios de comunicación:
Hermanas y hermanos:

"Grandes son las palabras que se han escuchado en este encuentro.
Grandes son los corazones que parieron esas palabras.
El dolor de nuestros pueblos ha sido nombrado por quienes lo padecen desde hace 515 años:
El despojo y robo de la libertad y autonomía para decidir sus propias vidas, quehaceres y métodos,

Antes fueron los feudales conquistadores, ahora son los progresistas republicanos.

La explotación de cientos de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos, reproduciendo los tiempos y métodos de las encomiendas y las grandes haciendas de la época en que las coronas de Europa se impusieron a sangre y fuego.

La represión con la que ejércitos, policías y paramilitares enfrentan los reclamos de justicia de nuestra gente, iguala a las empleadas por las tropas de los conquistadores para aniquilar poblaciones enteras.

Nos ha sido impuesta la lengua, el vestido, las creencias. En nuestra propia casa vienen a criticarnos nuestras costumbres, cantos y bailes, desvalorizan, ridiculizan y menosprecian nuestra cultura, deforman nuestra historia, de la misma forma que hace 500 años, cuando se discutía si éramos animales a quienes había que domesticar o fieras a quienes había que aniquilar; ellos se consideran superiores.

Las 4 ruedas del carruaje del dinero, rodando de nuevo sobre el camino hecho de la sangre y el dolor de los pueblos propios del continente. Como antes, como hace 515 años, como hace 200 años, como hace 100 años.

Diego Rivera:
Sin embargo, algo ha cambiado.

Nunca antes la destrucción había sido tanta y tan irremediable.

Nunca antes había sido tanta y tan incontrolable la brutalidad contra aguas, aire, tierras y gente.

Y nunca antes había sido tanta y tan grande la estupidez de los malos gobiernos que sufren nuestros países; porque ocurre que lo que están matando es la tierra, la naturaleza, el mundo.

Sin lógica de tiempo y lugar, catástrofes de temblores, sequías, huracanes, inundaciones, se empiezan a presentar en todo el planeta.

Y se dice que son catástrofes naturales, cuando en realidad han sido provocadas, con esmerada estupidez, por las grandes corporaciones multinacionales y los gobiernos que les sirven en nuestros países.

El frágil equilibrio de la naturaleza, que por millones de años ha permitido al mundo andar, está rompiéndose.

Y nada hacen los que se apoderaron del Poder, como no sea hacer declaraciones a los medios de comunicación y formar comisiones inútiles. Los falsos jefes, los malos gobiernos, son idiotas que celebran los eslabones de la cadena que los subyuga.

Recibir un préstamo, o una inversión de capital extranjero es un motivo de orgullo; alardean de ello.

Nuestros gobiernos actuales son los únicos, en toda la historia, que festejan su esclavitud, la agradecen y bendicen.

Y se dice que es democracia que el Comando de la Destrucción esté a disposición de partidos políticos y caudillos.

“Democracia Electoral” es como los mandones llaman a la lucha por acceder al negocio de vender la Madre, y llevar adelante la catástrofe mundial.

De parte de los políticos y gobernantes no hay esperanza alguna.

Ni para nuestros pueblos nativos ni para los campesinos ni para los obreros, ni para la naturaleza.

Para atizar esta avanzada de destrucción se valen de un argumento estratégico:
Se nos dice, se nos repite, se nos enseña, se nos impone el concepto de que esto es progreso y evolución.
La monarquía del lucro se presenta, así, como la culminación de los tiempos, el fin de la historia, la realización de la humanidad.

En escuelas, medios de comunicación, institutos de investigación, libros, la gran mentira reinterpreta historia (Hegel).

Con ese argumento también arrasaron con nuestro orden territorial y nuestro calendario.

En estas tierras, que llamaron “nuevo mundo”, ellos impusieron sus límites políticos.
Los 7 puntos cardinales de nuestros antepasados (el arriba, el abajo, el frente, el detrás, el un lado, el otro un lado, y el centro), fueron olvidados y en su lugar implantaron la geografía política con sus divisiones, fronteras, pasaportes, green cards, minuteman, la migra, los muros fronterizos.

Impusieron también su calendario, con sus estaciones inoportunas y sus festividades.

Y, entre ellas, celebran cada 12 de octubre el “día del descubrimiento de América”, cuando en realidad es la fecha del inicio de la guerra más larga de la historia de la humanidad, una guerra que dura ya 515 años y que tiene como objetivo de su parte, la conquista de nuestros territorios y el exterminio de nuestra sangre.
Junto a este profundo y extendido dolor, ha sido nombrada también la rebeldía de nuestra sangre, el orgullo de nuestra cultura, la experiencia en la resistencia, la sabiduría de nuestros más mayores, que mira hacia atrás y lejos.
La memoria ha sido el hilo invisible que une a nuestros pueblos, así como las montañas que corren a lo largo de todo el continente bordan estas tierras.
Lo que algunos llaman “sueño”, “utopía”, “imposible”, “buenos deseos”, “delirio”, “locura”, se escucha en las reuniones y parlamentos indígenas con otro tono, con otro destino.
Y hay un nombre para esto que hablamos y escuchamos en tantas lenguas, tiempos y modos.
Hay un deseo que viene desde el origen mismo de la humanidad, y que marca y define las luchas de los hombres y mujeres de todos los rincones del planeta.
Esta palabra es “poder ser nosotros mismos”.
Es lo que queremos como pueblos, naciones y tribus originarias: Que se nos respete como iguales, y que se reconozca y acepte la Verdad.
Y no hay ni vestigios de ese reconocimiento en humildad y con respeto cuando hay robo, despojo, abuso de nuestras personas y destrucción de nuestros territorios, de nuestra cultura, de nuestra gente.
Un mundo sin mandones, eso es lo que parece imposible de imaginar para la gente de hoy.
Como si la tierra hubiera tenido desde siempre quien impusiera su poder sobre ella y sobre quienes la trabajan; como si el mundo nunca pudiera estar cabal.
Son los pueblos originarios que miran su pasado, que guardan y cuidan su memoria, los que saben que es posible un mundo sin Dominador ni dominados, un mundo sin capital, un mundo mejor.
Porque cuando levantamos nuestro pasado, nuestra historia, nuestra memoria, como bandera, no pretendemos volver al ayer, sino construir un futuro digno, humano.
Falta mucho por hacer, por discutir, acordar, luchar.

En el calendario que empezamos a caminar, en la geografía que acordamos, una gigantesca subversión continúa.
Para sus modos y medios no hay manuales, libros de recetas, dirigentes de escritorio y academia.
Hay, en cambio, la experiencia de los pueblos originarios, pero ahora con el apoyo y la decisión de los trabajadores de la ciudad y el campo, de los jóvenes, de las personas de edad, de los niños y niñas; de todas y todos quienes saben que para el mundo no habrá otra oportunidad si los ambiciosos, codiciosos, vanidosos lo dominan.

La rebelión que sacude al continente no se calmará.
Entonces, cuando amaine el viento que seremos, el mundo no habrá terminado su largo caminar, y tendrá la oportunidad de hacerse con todas, con todos, un mañana donde quepamos todos los colores.
En ese tiempo del calendario que haremos, en ese lugar de la nueva geografía que levantaremos, la Luna cambiará la interrogación con la que nace y será de nuevo la sonrisa que anuncia el encuentro de la luz y la sombra."
Desde Vicam, Sonora, Mexico.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Octubre del 2007.

La ética de la colonización

Diego Rivera:

Para entender el porqué y el para qué de la Ética es preciso primero responder qué definición se tiene de "hombre"; y ésta no es una definición general, como pretende homogeneizarla y monopolizarla la cultura occidental.

Cada pueblo plantea su propia definición, y en tanto se autodefinen trazan a su vez cuál ha de ser la conducta socialy los procedimientos que la justifican.

En nuestros territorios americanos hubo una penetración, invasión, intrusión extranjera con fines bastardos. Se exterminó a los pueblos; hubo y hay persecución y desintegración masiva, tala de los montes nativos, destrucción de la naturaleza en la diversidad de vida, envenenamiento y contaminación de los ríos en pos de colonización y desarrollo del capital, y aniquilación de la memoria indígena, que no es reconocida ni asumida desde el ámbito estatal, político y cultural.

Los Estados de procedencia extranjera no respetan ni reconocen el derecho de preexistencia, y el derecho de reivindicación por la destrucción cometida.

Los Estados 'nacionales' mantienen una posición indiferente respecto a los recursos naturales. En este sentido, los Estados se reservan derechos sobre bienes que natural y jurídicamente forman parte integrante del bien principal (como son los recursos forestales, la fauna, las aguas y sus elementos relacionados, etc.).

Los Estados, obstinadamente, aplican un desmembramiento jurídico de la integridad territorial indígena, que da lugar a situaciones de extrema injusticia y plantea a los pueblos originarios serios problemas para residir en sus tradicionales territorios.

Los Estados otorgan concesiones madereras, mineras y petroleras sobre territorios indígenas, alentando el etno y genocidio.

Cuando los Estados desintegran los territorios indígenas impiden las actividades económicas y social del pueblo natural y, desde luego, interfieren en el Derecho a la Identidad y a la integración espiritual y cultural de un pueblo con su territorio.

Los Derechos indiscutibles de los Pueblos Originarios son ignorados por los Estados, que está enmarcado y estructurado en un marco filosófico y político perverso.

Desde los pueblos originarios la ética es circular y contenedora; el Derecho está basado en la esencia y calidad de los valores y principios del ser humano integrado a su paisaje y a su comunidad.

Ser indígena

Se necesita haber “pensado”, haber reflexionado mucho respecto a sí mismo, tener una cultura madura y valiente, no haberse dejado arrastrar por las opiniones discriminatorias que se difunden irresponsablemente, para comprender quién se es.

Si uno tiene alguna línea de parentesco con la gente que estaba en este continente desde antes que llegaran españoles, inmigrantes europeos y gringos en general, entonces uno tiene ascendencia aborigen.

Ser aborigen no es nada desvalorizador, por el contrario, es ser propio de la tierra que se pisa.

Los extranjeros vinieron a usurpar, a robar, y para justificarse ante sus propios principios religiosos, supuestamente piadosos, caritativos y justos, dijeron que eliminando a los pueblos propios de éste y otros continentes estaban haciendo un servicio a su Dios, ya que ‘los indios’ no creían en el ser único y verdadero sino en dioses falsos, tales como la Madre Tierra y el Agua Cristalina que nos alimenta, los Bosques que nos protegen, las Grandes Montañas, el Sol de cuya energía tomamos los seres vivos, la Luna que regula los ciclos y todos los fenómenos de los que depende la existencia y la sustentan.

Durante algunos años la prepotencia de ellos asustó a los habitantes originarios. Ahora, con vasta experiencia, los pueblos propios de éste y de los otros continentes comienzan a fortalecer espacios de reflexión y gobierno propios, la defensa de su territorio, lengua y sistemas culturales tradicionales, su visión integral de la vida y la legitimidad de su lucha. Están estableciendo así, paso a paso, una autonomía de hecho, a contrapelo de la muerte a la que parece querer destinarlos la clase política, las transnacionales y los funcionarios coloniales occidentales.

Pintura de Segundo Huertas Torres:
Asistir a una reunión indígena es constatar la fineza de los pensamientos, y el grado de información que las autoridades comunales y tradicionales de los pueblos acumularon en los últimos años, con el firme propósito de darse razón propia.
En estas reuniones los pueblos avasallados recuperan su perspectiva histórica y un horizonte de reconocimiento mutuo que hace una década era impensable. No es que antes fueran ignorantes, pero en el oscurantismo al que fueron sometidos, dentro de la relación desigual que aún pesa, no sabían que su sentir lo compartían millones; se pensaban solos.

Las políticas coloniales se fueron haciendo más y más segregacionistas, condenando a los antes proletarios a la marginación y el ostracismo. Como ellos son gente muy diferente al juicio que los extranjeros hacen pesar sobre ellos hoy, a nivel local y regional, se teje una evaluación de situación concreta, cruda, sin idealizaciones, y se plantea la posibilidad de acciones conjuntas para terminar con ese pesado calvario mediante la autonomía alimenticia y de procedimientos.

La antigua memoria de los sabios, mujeres y hombres mayores, respecto a las prolijas organizaciones del pasado, comienza a atraer el interés y la admiración de los jóvenes, y empieza a influir en sus ímpetus y en su lucidez.

Y ante esta nueva apertura hacia los valores ancestrales, “son”, juntos: la gente de antes, y la gente de mañana.

Los pueblos indios saben que ese puente es el que podrá encender las velas de vida -el encuentro entre los verdaderos cuidadores del mundo- que tanto nombran los sabios wixaritari.

Recolectores & Productores

“Dios” siempre es el superlativo de los valores de la cultura: entonces, para entender la cultura indígena sólo hace falta entender sus reverencias.

Sabemos, en términos generales, que ellos reverencian a la Madre Tierra y al Padre Sol.

El Padre Sol es el fecundador; de la intensidad de la radiación depende –directa o indirectamente- la fecundidad de la tierra.

La Madre Tierra es la procreadora, la que produce el fruto.

Los occidentales descalifican a los recolectores, les atribuyen un nivel evolutivo inferior. Pero los recolectores son lo más refinado y selecto de la condición humana.

El recolector no confía en su propio trabajo productivo intensivo; confía su supervivencia a la producción espontánea de la tierra.

El productor necesita, en primera instancia, destruir el ecosistema armado en miles o millones de años.
Necesita desterrar, esclavizar o matar a los habitantes originarios que estaban incorporados simbióticamente al funcionamiento regular y armónico del ambiente natural.
Luego necesita romper la estructura del suelo, para lo cual requiere de ominosas máquinas roturadoras, combustible, fertilizantes, plaguicidas, alambradas para proteger a su cosecha de los intrusos, leyes opresivas y represivas que protejan su trabajo, funcionarios públicos a los que ha de sostener con el rédito de sus ganancias, fuerzas policiales que vigilen la observancia de la ley.

Las ganancias económicas que se obtengan de la venta en gran escala de la producción agrícola será la base económica de todo un sistema social armado en torno a ese rédito.

A los miembros del sistema social no tiene porqué importarles ser mejores personas, buenos amigos, cuidadosos hijos de la tierra. Lo único que tiene importancia es el margen de rédito que van a obtener de la explotación intensiva del suelo, ya sea como extractores mineros, madereros, pescadores, ganaderos o agricultores; como generadores de servicios adicionales, administradores, transportistas, o lo que sea.

Hasta los entretenedores, animadores o divertidores de los extractores obtienen su parte en las ganancias así distribuidas.

Hasta la patota del funcionario de turno recibe su parte.

Recuérdese que los funcionarios son parte sustancial del sistema por causa de que ellos son los que consiguen imponer legalmente las reglas: “quitar las tierras, desterrar a las personas, y si se ponen tercos, encarcelarlos, torturarlos, condenarlos y matarlos”.

En tanto los recolectores necesitan ser muy cuidadosos. Necesitan moverse permanentemente porque como se sabe, el suelo se resiente rápidamente de las pisadas, y hasta de la mirada humana.

Necesitan vestirse en forma mimética con el paisaje, para ser reconocidos como iguales por la cantidad inmensa de especies con las que comparten el ecosistema

Un ecosistema natural pleno requiere del trabajo arduo de millones de especies.

Los recolectores no son extractores; en realidad aprovechan los residuos; lo que las especies vegetales y hasta animales descartan en el transcurso de sus ciclos de vida.

Los recolectores tienen como norma delimitar los territorios, a la manera de los felinos silvestres, para evitar confrontaciones y luchas por los frutos.

Y si van a conformar un grupo que tenga derechos sobre un territorio, entonces van a tener que establecer reglas de convivencia estrictas:

En primer lugar, compartir entre todos los beneficios
- No robar
En segundo lugar no crear complots, subgrupos, estrategias tramposas
- No mentir
En tercer lugar nunca y en ningún momento escatimar el esfuerzo, el trabajo, el sacrificio
- No ser holgazán

Y como todos los demás seres humanos, necesitan darles explicaciones a su existencia y enseñanzas a sus hijos.

Dijimos en un principio que “Dios” es siempre el superlativo de los valores de la cultura.

Basta ahora averiguar a qué se refieren ellos cuando nombran a su Dios, en cada una de las concepciones culturales indígenas.